il discorso di Carmen Montón – testo originale

Madrid, 30 de junio de 2005

“Señor presidente, señorías, la historia la escriben los vencedores, deciden lo que recordaremos y lo que ocultaremos; así ha sido con los homosexuales. Al mirar cualquier libro de historia podríamos creer que ninguna sociedad ce

lebró el amor entre hombres o mujeres, que jamás un pintor, un poeta o un político abrieron su cama o su corazón a otro hombre o mujer. Las pruebas del amor homosexual fueron discretamente suprimidas, como se hizo con griegos o romanos. Libres de censuras, los antecedentes históricos revelan que la realidad es exactamente la contraria, que el amor entre hombres o entre mujeres es una constante universal; lo único que varia es la actitud de la sociedad. Todas las culturas han regulado el amor entre hombres o entre mujeres tejiendo diferentes rituales más o menos elaborados y algunas han intentado, sin éxito, hacerlo desaparecer. Hoy, señorías, estamos ante un momento histórico. Los diputados y diputadas de la presente legislatura tenemos, con nuestro voto, la oportunidad de hacer posible la igualdad. Hoy estamos aquí para levantar el veto del Senado a esta ley que habla de igualdad, libertad, justicia, dignidad, pluralismo, tolerancia, solidaridad; que habla de plena ciudadanía. (Aplausos.) Los socialistas votaremos en este sentido porque apoyamos y defendemos esta ley con igual o, si cabe, mayor convencimiento, pasión, decisión y optimismo que el primer día.

El matrimonio es una institución humana, el matrimonio es cultural y no pertenece al dictado de ninguna ley natural ni tampoco divina, por tanto, será lo que la sociedad en cada momento, en función de la realidad y sus necesidades, democrática y legítimamente decida. Esta Cámara, el Gobierno, no solo pueden, sino que deben regular como matrimonio las diversas formas afectivas de unión presentes en nuestra sociedad. Porque esta ley no ataca ni desnaturaliza la institución del matrimonio, sino que la defiende, amplía, enriquece y fortalece; no va en contra del matrimonio eclesiástico, que no es lo que se regula en esta ley; no va en contra del matrimonio heterosexual. En el Senado se presentaron dos vetos: uno por parte de Unió y otro por parte del PP; cada uno esgrime unas u otras razones, tiene unos u otros argumentos, pero, al final, el resultado viene a ser el mismo, que quieren vetar los derechos de gays y lesbianas por la razón de atreverse a serlo. Señorías de Unió, en este proyecto ustedes hablan de que la ley parte de una confusión grave.

Aseguran, y cito textualmente, la inexistente discriminación vinculada a las instituciones del matrimonio y la adopción para las personas homosexuales. Permítanme que les diga que son ustedes los que parten de una confusión grave, al no querer ver o reconocer lo que es evidente, ya que, desgraciadamente, en nuestro país, hasta la fecha, los homosexuales son personas que no gozan del respeto y reconocimiento pleno de su unión ni de la posibilidad de regularizar la situación de sus hijos o de adoptar como pareja. Comprendan que el derecho al matrimonio y a llamarse matrimonio es un derecho de todos, sin distinción, y en democracia no puede ser un privilegio de unos con exclusión de otros. Sus dudas acerca de la adopción, el derecho comparado y la crispación social las aclararé más tarde. De todos modos, sí es cierto que quiero quedarme con lo que dijo el señor Guinart Solá en el Pleno del día 21 de abril: que en su calidad de alcalde va a celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo, función que ejercerá con absoluta lealtad y sometimiento a esta ley que con toda seguridad se aprobará.

Está el veto del PP, por otro lado. En este veto dicen del matrimonio entre personas del mismo sexo que no es posible ni adecuado. Pues es adecuado y, después de la votación de hoy, será posible. (Aplausos.) Ustedes no dan sus razones, sino que se limitan a excusarse detrás de otros, como es habitual. Pero basta de excusas o de rodeos, llamemos a las cosas por su nombre; llamemos a cada cosa por su nombre, no utilicemos eufemismos. A querer mantener la discriminación por motivos de orientación sexual se llama homofobia; a querer dar un trato de inferioridad a unos individuos o colectividad se llama discriminación; cuando se quiere que solo uno y no todos los ciudadanos disfruten de ventajas que sean especiales o exclusivas, como el derecho al matrimonio, este deja de ser un derecho y se llama privilegio, y a fingir o aparentar lo que no es o lo que no se siente, a decir una cosa y hacer otra, se llama hipocresía. (Aplausos.)

Señorías, a lo largo de los años el Partido Popular nos ha dado sus razones, ha ido sumando posiciones en contra de las personas homosexuales, y siguen haciéndolo. No hay más que recordar que en sus ocho años de gobierno sumaron más de 30 votaciones y en esas ocasiones no se ponía el mismo nombre que ahora; por tanto, lo del nombre es solamente una excusa. En esas votaciones ustedes se han retratado en contra de las personas homosexuales y siguen haciéndolo en la oposición. Ni siquiera permitieron la tramitación de una ley de parejas de hecho, aunque ahora quieren hacer parecer que es una cuestión que les preocupa, empeñándose en legislar la discriminación con un proyecto al que han inventado el nombre de unión civil y al que añaden estable, con el que saben que llegan tarde y faltos de credibilidad.

Además, les recuerdo que España fue el único país europeo que se opuso a que gays y lesbianas tuviesen voz en la ONU, aliándose con países que aplican la pena de muerte a los homosexuales. También, las hemerotecas están llenas de declaraciones de sus máximos dirigentes en contra de los derechos de las personas homosexuales: Zaplana, Mato, Montoro, Fraga, Conde, Botella, y podemos seguir. Y a esta suma hay que añadir la manifestación del pasado 18 de junio. No seré tan dura como su compañero el alcalde de Vitoria calificándola de miserable, pero si diré que cuando la izquierda sale a la calle es para reivindicar derechos, para ampliar derechos; la derecha, ustedes, ha salido para eliminarlos, para recortarlos. (Aplausos.) Han querido dividir la sociedad y lo único que han conseguido es dividir la cúpula de la Iglesia y su propio partido.

Señorías del Partido Popular, estar con las familias es dar becas a la educación, es aumentar el salario mínimo interprofesional, es conciliar la vida familiar y laboral; eso es estar con las familias. Los que no están con las familias son ustedes, que excluyen a gran parte de ellas.

Tanto esfuerzo, tanta alarma, tanta crispación, tanto trabajo, tanta energía, tantos recursos, tantos autobuses para ir en contra de los derechos, de la igualdad de otros ciudadanos. (Un señor diputado: ¡Muy bien!) ¿Por qué están en contra de los derechos de otros ciudadanos? (Aplausos.) ¿Por qué están en contra de los derechos de las personas homosexuales? Ser heterosexual no es ningún mérito, ¿por qué para ustedes ser homosexual es un demérito? No quiero entretenerme aquí porque a esta suma hay que añadir su actitud en el Senado, sus expertos. La comparecencia de su experto, el señor Polaino, califica al grupo que la solicita y la historia la pondrá en su lugar. ¿Se equivocaron, o es que no se atrevían a decirlo ustedes mismos? (Aplausos.) Ese compareciente lleva exponiendo esos mismos argumentos, incluso ha escrito libros, por lo que se puede deducir fácilmente que el PP sí conocía las opiniones de su experto y le parecían bien, que precisamente por dichas opiniones le invitó a hablar en el Senado y solo después de la polémica ha optado por dar marcha atrás.

Señorías, hoy en día, para la sociedad y el país que queremos hay ciertas cosas que no se deben permitir. Igual que sucedió con Buttiglione, candidato a comisario europeo de libertades, cuando realizó aquellas lamentables declaraciones en contra de las mujeres y de los homosexuales, no se puede permitir que con la invitación, complicidad y posterior felicitación en el Senado se declarara que la homosexualidad es una enfermedad con cura, producto de padres hostiles y alcohólicos, entre otras afirmaciones sin ninguna credibilidad. Han tenido la oportunidad de llevar al Senado a alguien que demostrase o avalase sus tesis de forma seria, creíble y científica, y no lo han encontrado. Los demás expertos han dejado claro que no existen efectos negativos en el desarrollo de los menores que conviven con parejas homosexuales, que no hay problemas para los niños. Porque, señorías, es pura hipocresía hablar de adopción o hijos como si fuera una hipótesis. Los homosexuales tienen hijos, y estos niños, al no estar reconocidos, están desprotegidos y también son discriminados. ¿También quieren seguir manteniendo esta discriminación? Hablan del interés del menor. Nosotros estamos con el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, con su sentencia del 26 de febrero del año 2002, la misma sentencia que todas las veces han citado para justificar sus tesis.

En ella, como todos ya sabemos, se reconoce que la adopción pretende dar una familia a un niño, no dar un niño a una familia. Estamos de acuerdo, pero no podremos estar nunca de acuerdo con que impongan su moral sobre el modelo de familia. Añadiré algo más. No sigan metiendo miedo, díganlo sinceramente, ¿van a intentar revocar esta ley de la igualdad? Ustedes saben que es imposible.

Señorías, como colofón, aunque podríamos continuar, a esta suma de posiciones en contra de los derechos de las personas homosexuales hay que añadir el veto de la ley en el Senado. Hoy nos encontramos aquí, en el Congreso; tienen su última oportunidad. Hoy se pone el punto final a esta lamentable suma. ¿Cómo quieren pasar a la historia? Señorías, ustedes han dicho y hecho muchas cosas, pero no me quedo con ninguna de ellas, porque el mayor logro es lo que vamos conseguir, que es infinitamente mayor que todo eso que ustedes han hecho y dicho. Me quedo con lo que hoy conseguiremos, que es fortalecer nuestra democracia, que todos los ciudadanos y ciudadanas disfruten de los mismos derechos, y por mucho que se empeñen en decirlo esto nunca puede ser malo. ¿Cómo va a serlo que los españoles nos igualemos en derechos civiles y libertades públicas entre nosotros mismos? No me cansaré de decir que es injusto ser ciudadano de segunda por amor, que la medida no va contra nadie, que es a favor de la igualdad, la tolerancia y la pluralidad, que a nadie va a perjudicar.

Recuerden, no querían el divorcio y ahora hacen uso de él; no quieren el matrimonio entre personas del mismo sexo y a buen seguro se casarán (Rumores.), serán testigos en las bodas y brindarán a la salud y felicidad de los novios o las novias. Sí, porque esta ley habla también de felicidad, de la felicidad de muchas personas, de muchas familias, y no creo que nadie tenga derecho a negarla.

Para terminar, hablando de derecho comparado, un amigo mío dice que quién no querría que España hubiera sido de los primeros países en abolir la esclavitud o en reconocer los derechos de la mujer, pero fuimos de los últimos. ¡Lástima! Pues bien, ahora tenemos la oportunidad de ser de los primeros en el reconocimiento de los derechos de los homosexuales. El matrimonio entre personas del mismo sexo ya lo tienen Holanda y Bélgica, anteayer lo amplió Canadá. Es el comienzo de un tiempo nuevo de igualdad.

Yo nací en 1976 y en una generación hemos pasado de una ley de vagos y maleantes que consideraba al homosexual peligroso per se, le privaba de libertad y le sometía a vigilancia para salvaguardarle de sus instintos degenerados, a la plena equiparación de derechos para gays y lesbianas con la reforma del Código Civil que hoy vamos a aprobar. Por ello me siento orgullosa de vivir en este país y en este tiempo. (Aplausos.) Hoy demostramos la madurez de nuestra sociedad y que somos muchos los que no estamos dispuestos a soportar y consentir más la injusticia. Hoy vamos a mirar hacia adelante porque para atrás ya hemos mirado bastante. Miremos hacia adelante porque ahora nos queda un gran trabajo para eliminar la discriminación cotidiana y esta es una tarea en la que son necesarios todos los partidos políticos, los gobiernos, los colectivos y cada uno de nosotros, porque la mayor revolución que podemos hacer es cambiarnos a nosotros mismos.

Termino agradeciendo a las organizaciones de gays, lesbianas y transexuales su labor constante, paciente y ejemplar.

¡Enhorabuena! Hoy, más que de nadie, es vuestro día.”

Deputata Carmen Montón